El pasado 1º de Julio, día de Canadá, después de un desayuno típico del país, pancakes con sirope de arce, bio por supuesto, nos fuimos a Banff a hacer una primera excursioncilla a la zona y de paso ver el ambiente que había por ser la fiesta nacional.
Banff es uno de los dos principales parques de Alberta, el más antiguo, situado en la vertiente oriental de las Rocosas, con multitud de picos y glaciares. Se encuentra a una hora y media de camino desde Calgary, yendo por la Transcanada Highway (carretera de dos carriles para cada sentido y transitable a 110 km/h, máximo autorizado). Lo más curioso de la ruta es que según te vas acercando desde el este, ves la barrera de montañas pensando que una vez estés ya dentro del parque, la carretera subirá y bajará según vayas dejando atrás unas montañas y otras. Pero no, la carretera siempre es plana, y una vez dentro del parque vas viendo montañas a un lado y a otro pero tu siempre estás abajo. Y el cambio automático sin inmutarse.
Una de las montañas más fotografiadas es el Mt. Rundle , espectacular desde la Transcanada muy pocos quilómetros después de la salida del pueblo de Banff. También se ve por encima del Banff Springs Hotel.
Aquí la vista desde la autopista, y según giras a la derecha, está este otro monte (que todavía no sé cómo se llama).


Después de admirar un rato más las montañas que rodean la autopista, nos fuimos para el pueblo de Banff, ese día muy animado por la celebración. Habían montado chiringuitos para comer, para que jugaran los niños y les pintaran la cara...

Me llamó la atención un puesto montado por la escuela japonesa de Banff. La verdad es que había muchos, además de ser el japonés uno de los pueblos que más clientes de alto nivel atrae (junto con americanos y alemanes). Y un escenario donde actuaron, entre otros, un grupo folclórico ucranio (durante la Primera Guerra mundial, inmigrantes de éste y otros pueblos europeos, como los húngaros, alemanes y austríacos, estuvieron internados en campos de concentración y trabajo en el parque, colaborando a la fuerza en su construcción). Y como veís aquí, también un grupo indio vestido para la ocasión.

Después de un buen rato por ahí, comimos a la vera del río, donde por 60 $ puedes alquilar una canoa y pasarte todo el día remando. La otra opción del río es hacer rafting y disfrutar como un enano bajando por los rápidos , como los que hay al pie del Rundle, justo delante del Banff Springs hotel.


Fue justo por ahí, antes de subir las escaleras que llevan al hotel (preparad la cartera si queréis pasar una noche), donde vimos un elk, tan pancho el con sus cuernos. Con tal cornamenta no me extraña que no tuviera ganas de levantarse, o quizá nos estaba haciendo la puñeta y no quería que le sacara una foto. Nada, que ni 400 mm ni historias, ahí sentado sólo se le veía la cabezota. Suerte que luego vimos otro al pie de la carretera, subiendo hacia la base del teleférico, a punto de cerrar en ese momento, que estaba comiendo tan tranquilo mientras los humanos nos dedicábamos a fotografiarle. Pero este era bastante más joven, como delataban sus cuernecillos (diría yo que es un elk, aunque ni los propios canadienses que también vieron al grande se ponían de acuerdo sobre si aquello era un caribú, un alce o un elk).

Y esperando, esperando que dieran las 11, seguimos para arriba, a ver ese teleférico que estaba a punto de cerrar y al que otro día subiremos. Como también nos subiremos al cacharro que lleva al Columbia Icefield, entre Banff y Jasper, con una extension de 325 km cuadrados, una de las mayors acumulaciones de nieve y hielo al sur del Círculo Polar Ártico.

Pero esto ya será otro día. Ese día ya se acababa y ya no estábamos para quedarnos a ver los fuegos artificiales de las 11. Entre lo que durarían y el trayecto a casa, a las 2 de la mañana en Calgary. Así que nos fuimos y ya tuvimos ocasión de hacer el primo junto con unos cuantos calgarenses más al pararnos por el Olympic Park pensando que veríamos los fuegos artificiales que lanzaban desde el downtown. Pero no, a pesar de todos los coches que se habían parado en medio de la autopista, ya dentro de la ciudad, los fuegos artificiales quedaban al otro lado de los edificios, que por estar en el downtown eran demasiado altos como para ver nada. ¿Quién sería el primer idiota que se paró, atrayendo a los demás como moscas? Y nosotros, donde va Vicente, donde va la gente…
Total, esta semana de Stampede tenemos fuegos artificiales cada día. Pero también a las 11. Y servidores ya somos papás, no estamos para petarditos de colores por la noche (ojo, por Yaiza, eh!, he dicho papás, no abuelos).